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El adiós al operador Tito Valls, un “solucionador de problemas”

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Se crió entre El Maifito, el local de comidas que don Valls, su padre, tenía en la Galería Internacional, y el otro local familiar, la disquería Musi Valls, en la calle San Martín, entre el pub El Establo, que ya no está, y Tauler, que perdura allí mismo.

Ahí nació Tito Valls a la música, a los equipos de música, a los sonidos... haciendo escuchar a los estudiantes secundarios que salían de clases, a través de auriculares, el último disco llegado a la ciudad.

A partir de eso fue disc jockey (ayer lo despedían en las redes sociales sus discípulos, como Daniel Romero) y fue operador de radio. Pero más que ello, fue un facilitador para locutores, para periodistas, un indispensable, un “solucionador de problemas”, como acertadamente lo definió un conocido.

Detallista hasta el cansancio, se dedicaba a amenizar y a cuidar al oyente.

Las primeras transmisiones desde exteriores y, por sobre todas ellas, las 24 horas seguidas desde las cabinas del Anfiteatro y las inmediaciones del coliseo mayor, a la vera del Balneario, en cada jornada festivalera. La puesta al aire de Tito Valls era cuidada, una marca registrada.

Se había jubilado tres años atrás, aproximadamente, pero seguía “despuntando el vicio” concurriendo a la emisora los fines de semana, para ser el operador del programa de Miguel Andreis, por ejemplo, quien lo despide en esta misma página.

Andaba bien de salud, por lo que sorprendió a todos un ataque cardíaco del que sobrevivió un par de días. Deja cinco hijos, nietos, su esposa... deja la vida, Tito Valls, el que le dio aire a tantas personas que pasaron/ pasamos por la emisora.

Cuando llegamos él ya estaba allí. Porque empezó en la Centro cuando la radio estaba sobre la Buenos Aires, frente a plaza Centenario, y también cuando se mudó una cuadra más allá y siguió estando cuando se estableció en su domicilio actual, en bulevar Vélez Sarsfield.

En mismo año en que partió Edgardo Munch, el creador de la Centro, se va Tito.

Silencio de radio, se podría sentenciar. Aunque en este caso, parece mejor ponerle sonido. Fuerte ese aplauso.

S.V.

 

Palabras en nombre del equipo de trabajo en la radio

Adiós, entrañable amigo y compañero

Allí, como grabado en el vidrio, quedará perpetuada su calva dándole marco al rostro de Tito.

Permanecerá intemporalmente escudado en esa transparencia que divide las voces de los sonidos musicales. Gran parte de su existencia, ese fue su lugar en el mundo. Navegando en la “pecera” (sala de operadores), imponiéndole su tinte de experiencia y conocimientos. Las botoneras y teclados extrañarán su contacto.

Tito fue música y palabras. Cada quien que supo de sus servicios divisará una mano que señalaba la roja luz que te arrojaba al aire. Los diálogos en off; su opinión, generalmente dura y crítica sobre las entrevistas. Sabías que no apelaba a eufemismos para dejarte su interpretación.

Su visión sin dobleces. Tan tozudo como leal. Tan cálido como riguroso. Amigo que no claudicaba. Comenzabas a disfrutar tu tiempo de jubilado no asumido. Quisiste continuar los fines de semana como para no perder del todo el laburo-hobby. En particular, los fines de semana.

Quedarán en la nada los planes para continuar viajando a ver a Talleres, como siempre. Todos aprendieron algo de vos. Todos aprendimos.

El zurdo te jugó una mala pasada. Extraño porque parecía que andaba a la perfección. En fin, como decías amigo, “se te enojó el bobo y chauuu; no lo convencés con nada”. Tenías razón.

Lo viviste en carne propia. Atrás quedarán las charlas de medio tiempo, hablando de Adriana, tu esposa, de tus cinco hijos, de los nietos y el más chico que te daba vuelta como una media.

Lo expresabas con gusto. Querido Tito, ya no generarán los repasos de anécdotas del Sopa Edgardo, con quien las trenzadas se frenaban cuando el enorme afecto de ambos ponía cada cosa en su lugar y todo seguía como si nada...

Los chicos de la radio te extrañarán, te lo aseguro. Los oyentes también. Creo que nunca te irás del todo. Treinta años poniéndole música a los oídos de los seguidores no es poca cosa, amigo. El aviso de tu despedida para todo el grupo radial fue un tajo en las vísceras. Los latidos corcovearon y los lagrimones brotaban de los rostros sin freno de mano que los detuvieran.

Para Adriana, tu esposa; para Ariel, hijo y laburante de la radio que sigue tus pasos, y para Virginia, otra compañera y nuera, absolutamente para toda tu familia, las condolencias cimentadas sobre el enorme cariño de todos los que integramos el Grupo Radial Centro. Y un fraternal hasta siempre.

Te has ido, querido amigo… Será como siempre el éter nuestro hilo conductor como para que la parca no nos pueda separar… Te has ido dilecto Tito Valls. Claro que no dejaremos que el olvido traspase esa misma puerta.

Miguel Andreis

 



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